Deforestación y desastres

Deforestación y desastres. Áreas protegida el Chore, avasallada

Las primeras lluvias de la temporada, caracterizadas por su frecuencia e intensidad, han causado desastres naturales en la región cruceña, especialmente en áreas rurales, por efecto del desborde de importantes ríos que acrecentaron su caudal destruyendo extensas superficies de cultivos con severas pérdidas económicas para los sectores productivos. Últimamente, en Ascensión de Guarayos una corriente de agua que proviene de las partes altas y que es conocida como la 'gateadora' cubrió parte de la carretera a Beni, además de sembradíos y pastizales. Los daños también se registraron en la ciudad capital y sus alrededores incluyendo un saldo fatal por la muerte de algunas personas que fueron arrastradas por las correntadas en los canales de drenaje. Los damnificados se han contado por miles y los destrozos en la infraestructura pública fueron significativos. 

Cuando no son las lluvias que derivan en inundaciones, las prolongadas sequías también se dejan sentir con fuerza y con un elevado grado de afectación. Una investigación de EL DEBER permitió establecer que la deforestación en vastas extensiones, es una de las causas principales del desborde de las aguas en el Norte Integrado. Cerca de dos millones de hectáreas fueron deforestadas en 14 municipios cruceños. El mismo informe revela que existen otras 13 comunidades que, debido a la tala de sus bosques, corren el riesgo de ser anegadas por los ríos Grande, Yapacaní, Surutú e Ichilo. Los bosques y la vegetación natural generan el efecto esponja que infiltra el agua hacia los acuíferos; también controlan la erosión de los suelos, las crecidas de los ríos y ayudan en la regulación del clima. 

Natalia Calderón, de la Fundación Amigos de la Naturaleza, explica que la deforestación y el cambio climático aumentan el riesgo de inundaciones con la elevación de los caudales hasta un 20%. Por su parte el Searpi ha calificado de 'dañina' la eliminación del bosque en el norte cruceño porque no respeta la servidumbre ecológica de las riberas de los ríos, arroyos y quebradas, que oscila entre 100 y 1.000 metros en cada orilla.

Detrás de estos fenómenos, cada vez más recurrentes y devastadores, está la mano del hombre y su falta de conciencia sobre los peligros que representan los daños al medioambiente acentuados por el cambio climático. Mientras, en el planeta, se esterilizan múltiples 'cumbres' y debates sin que consiga revertir una muy grave situación global como la que se reproduce y se experimenta por estas latitudes.

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