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Brasil al borde de la recesión

Brasil al borde de la recesión

El 1 de enero, cuando el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió el cargo, a muchos les preocupaba que no pudiera unir al país, solo los empresarios celebraron la asunción del nuevo presidente, pero su economía no mejora y la situación empeora.

El presidente de Brasil se jactó durante la elección de que no entendía nada sobre economía. Y una vez en el cargo, delegó todas las decisiones en esta área al empresario Paulo Guedes, quien se convirtió en un “superministro” a cargo de las finanzas del país, según reportan Daniel Gallas & Daniele Palumbo, corresponsales de economía de BBC.

La tarea de rescatar al país de otra recesión era urgente. Sin embargo, la economía sigue al mismo nivel que en 2014.

Los mercados estaban entusiasmados con las perspectivas de las reformas liberales que estaban por venir, pero las expectativas pronto comenzaron a desmoronarse.

FIN DE LAS RECOMENDACIONES

Una serie de errores del Gobierno, disputas internas dentro del poder ejecutivo, un torpe intento de intervención estatal en el sector de los combustibles y la falta de liderazgo en el Congreso, dificultaron las expectativas de crecimiento, señalan.

La mayoría de los analistas han reducido a la mitad sus expectativas de crecimiento para Brasil y ahora creen que una expansión económica significativa no comenzará hasta 2020.

NO HAY RECUPERACIÓN ECONÓMICA A LA VISTA

En la década anterior, Brasil fue alabado (junto a Rusia, India, China y Sudáfrica) como uno de los poderosos países que pertenecían al grupo de los Brics: países emergentes con tasas de crecimiento económico muy rápidas que superarían a las economías desarrolladas en 2050.

El desempeño económico en esta década, sin embargo, sugiere que Brasil no pertenece a esa liga.

Una paralizante recesión de dos años en 2015 y 2016 hizo que la economía del país se contrajera casi un 7 %. Posteriormente, la recuperación económica ha sido lenta. En 2017 y 2018, la economía creció a un ritmo escaso de 1,1 % al año.

EL PROBLEMA DEL DESEMPLEO NO HA SIDO RESUELTO

Los trabajadores brasileños son los que están pagando el precio. El número de desempleados aumentó de 7,6 millones en 2012 a 13,4 millones este año.

Bolsonaro piensa que estos números en realidad, subestiman la imagen real. Él cree que la situación es peor.

La encuesta oficial de desempleo muestra que 28,3 millones de personas están laboralmente subutilizadas, lo que significa que no trabajan, o que trabajan menos de lo que podrían.

LA MONEDA LOCAL Y LA BOLSA

Durante la campaña electoral, la moneda de Brasil, el real, se recuperó con fuerza a medida que quedaba en claro que Bolsonaro ganaría los comicios. Fue un claro signo de confianza de los inversores en el exterior.

Una encuesta, realizada por Bloomberg a fines del año pasado entre los principales estrategas internacionales, mostró que Brasil encabezaba la lista de las mejores apuestas en tres categorías: divisas, bonos y acciones. Después de casi cinco meses, las perspectivas son ahora sombrías.

TODAVÍA SUMIDO EN DEUDA

El principal consenso entre analistas de mercado –y también gente en el gobierno de Bolsonaro– es que el país comenzó a gastar demasiado dinero alrededor de 2013, durante el gobierno de izquierda de Dilma Rousseff.

Desde entonces, uno de los principales termómetros de la economía de Brasil ha sido el déficit fiscal, la cantidad de dinero que se gasta más allá de los ingresos del país.

Rousseff fue acusada de haber enmascarado el déficit fiscal de Brasil, para ocultar el gasto excesivo de su gobierno. Desde su caída, todos los esfuerzos del gobierno se han dirigido a reducir este déficit fiscal.

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