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¿Es posible restaurar los ecosistemas de Latinoamérica?

Incendios forestales, cambio de uso de suelo y especies invasores son algunas de las causas para la pérdida de ecosistemas. Experiencias en Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia ofrecen alternativas para la recuperación de ecosistemas degradados.

Bolivia: los huertos ecológicos familiares

“Entre 2019 y 2020 se han quemado más de ocho millones de hectáreas en Bolivia. Esto tiene su impacto en un proceso acelerado de desertificación”, señala Miguel Ángel Crespo, director de Productividad Biosfera Medio Ambiente (Probioma), sobre la degradación y deforestación de los ecosistemas en Bolivia.

Estas hectáreas quemadas —continúa Crespo— se destinan a la agricultura y la ganadería, a pesar de que no son aptas para ese fin, sino para el manejo forestal.

En ese sentido, Crespo menciona las denominadas normas incendiarias emitidas en gobiernos anteriores que han permitido e incluso impulsado el avance de la frontera agrícola y la expansión de la ganadería en lugares que antes fueron bosque.

Bolivia es uno de los países con mayor tasa de deforestación en el mundo y el segundo en América Latina después de Brasil. En los últimos años los incendios han sumado millones de hectáreas perdidas a la degradación de los suelos en el país.

En ese contexto, algunas experiencias de restauración se van abriendo paso en este país. Una de ellas es la creación de viveros comunales con plantas nativas, liderado por Probioma y el Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF). «Hemos empezado en el municipio de San Antonio de Lomerío, en la Chiquitanía norte, con 15 comunidades», cuenta Crespo.

Los érboles frutales también son parte de la restauración de los ecosistemas. Foto: Probioma.

Para establecer estos viveros, las comunidades están recibiendo plantines de árboles frutales que se sembrarán en las zonas destinadas a los cultivos en cada comunidad, cerca de sus núcleos urbanos. En una segunda etapa del proyecto, la propuesta es implementar viveros comunales para plantas maderables forestales.

Este proceso de restauración de ecosistemas se suma a una apuesta previa de recuperación del conocimiento tradicional. En estas mismas comunidades originarias, antes de los incendios forestales de 2019, Probioma organizó la instalación de huertos ecológicos familiares con cada uno de los miembros de la comunidad.

“Después de los incendios, en medio de las capas grises de todo lo quemado se observaban manchitas verdes que eran los huertos que las familias habían defendido del fuego a capa y espada”, cuenta Crespo sobre como los comuneros protegieron su trabajo y los cultivos que se convirtieron en su sustento cuando todo se incendiaba.

Estos huertos —continúa Crespo— sirvieron como fuente de la alimentación de estas familias después de que los incendios arrasaron con miles de hectáreas alrededor. Luego, con la pandemia, estos cultivos familiares también fueron clave para la alimentación familiar.

“Estamos recuperando las prácticas tradicionales”, asegura Crespo sobre el trabajo que realizan con los huertos ecológicos familiares y ahora con los viveros comunales de especies nativas.

La creación de viveros comunales es, por ahora, un programa piloto que se inició en Lomerío por tratarse de un municipio con autonomía indígena, sin embargo, Crespo espera que esta propuesta logre convertirse en una política de Estado para recuperar los ecosistemas y aportar en la seguridad alimentaria de la población.

 

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