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Los incendios forestales queman biodiversidad, economía y futuro

En los dos últimos años, Bolivia sufrió pérdidas incalculables por los incendios forestales (5.7 millones de hectáreas en 2019 y más de 4 millones en 2020), que son provocados por la acción humana directa, en la mayor parte de los casos para habilitar tierras para producción agrícola y pecuaria.

Según la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), en 2020 el fuego afectó 190.302 hectáreas de bosques en Santa Cruz. Por su lado, la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), reveló que un 57,6% de la afectación provocada por los incendios en el departamento cruceño corresponde a bosques, mientras que en las Tierras de Producción Forestal Permanente (TPFP) el fuego afectó una superficie total de 1.271.340 hectáreas y 1.074.632 en áreas protegidas.

“Los incendios forestales atentan contra los empresarios forestales formales, porque dejan el bosque inutilizable y afectan la producción; contra las comunidades indígenas, porque vulneran su modo de subsistencia; y contra el común de la gente, porque a la larga, la deforestación afecta la calidad de vida de todos los seres humanos”, sentencia la bióloga Yandery Kempff Ibarra, exdirectora de Recursos Naturales de la Gobernación de Santa Cruz.

En opinión de la experta, todos los seres humanos están en un momento crítico a nivel mundial, por los efectos del cambio climático, en Bolivia, y en especial en el departamento cruceño, hay otros cambios que se producen a nivel local y que tienden a agravar la situación medioambiental, porque se están perdiendo los bosques por acción de los incendios recurrentes.

Bosques que históricamente nunca se quemaron, desde 2019 registran un incremento de incendios. En tiempo pasado, el fuego se presentaba en pastizales, en pampas, en el denominado cerrado, que son bosques más adaptados a este tipo de desastres naturales. Incluso un incendio cada cierto tiempo favorece al rebrote de un bosque, porque sus especies están adaptadas al fuego y resulta hasta beneficioso, pero si los fuegos se producen cada año ya los bosques empiezan a degradarse, señaló la bióloga.

“Lo que se llama estrictamente ‘bosque chiquitano’ no resiste el fuego. El daño que le causa un incendio es feroz, las especies no están adaptadas al fuego, se produce un cuadro grave de degradación. Y como estos ecosistemas son complejos, tal vez se necesiten cientos de años y aun así, es probable que nunca vuelvan a ser lo mismo, porque su afectación es inmensa”, explica Kempff.

 

¿Cómo afectan los incendios al sector forestal?

Hay una serie de eventos que están afectando al sector forestal formal. Desde hace aproximadamente unos 10 años atrás, o quizá más, se empezó a perder el impulso que venía teniendo el tema forestal. Bolivia perdió certificación voluntaria o sello verde, la gente compró menos madera, se empezó a perder concesiones forestales y esas tierras pasaron a ser tierras fiscales de libre disponibilidad.

En el caso de la actividad maderera, el bosque en general está perdiendo humedad. Mientras más áreas se queman, más áreas se desmontan y se afectan, hay menos humedad, lo que provoca que estos bosques están cada vez más susceptibles a los incendios. El bosque de la zona chiquitana en sí, antes no se quemaba, pero en 2019 y 2020 el fuego ya está entrando al bosque, y aunque antes llegaba a cierto punto, su propia humedad lo protegía y el fuego no avanzaba. Ahora esos bosques se están secando, el fuego avanza cuando antes no hubiera avanzado.

De esta forma, cada incendio afecta a los productores madereros porque se les queman grandes áreas de producción que forman parte de un plan general de manejo.

Además, en estas zonas de producción maderera se encuentran los pueblos indígenas, que son los únicos que por ley pueden proveerse de caza y pesca para su subsistencia. Con los incendios la fauna escapa, y el monte que no se ha quemado depende de la fauna para regenerarse.

También tenemos muchas comunidades que utilizan madera, o las hojas de palma para sus viviendas, o plantas medicinales para la atención de su salud, y un bosque afectado por el fuego pierde diversidad.

Muchas comunidades también tienen planes de manejo y venden madera, por lo que el fuego ocasiona que pierdan su alimento, su medicina y sus medios de vida.

 

Entonces el sector forestal es una víctima del fuego…

Los incendios atentan contra el sector forestal en su conjunto: contra los empresarios, contra los productores, contra las comunidades y contra toda la gente. En Santa Cruz, decimos, se produce el 70% de los alimentos que se consumen en el país, pero se producen porque tenemos bosques que generan lluvia. Si perdemos bosques perdemos producción.

Yo vengo trabajando en conservación (medioambiental) hace ya bastante tiempo y por la experiencia que tengo, las concesiones forestales y áreas certificadas son consideradas aliadas de la conservación. Se puede constatar que una reserva forestal está protegida, pero una concesión forestal también está protegida, porque el productor tiene que cuidar el bosque para que le siga rindiendo, así que cuida la biodiversidad, cuida de no exceder las cortas de árboles, cumple con la rotación y los ciclos de corta. Entonces definitivamente el sector forestal es un gran aliado de la conservación y por tanto no puede ser promotor de incendios, sino todo lo contrario.

De hecho, muchos fuegos que se presentaron en concesiones forestales, durante 2019 y 2020, fueron sofocados en un trabajo conjunto a los empresarios. Nadie puede negar el apoyo del sector, porque pusieron a disposición personal, maquinaria, combustible y recursos, porque controlar incendios es carísimo y a pesar de las buenas intenciones, no hay plata que alcance.

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